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Jack Johnson: El rockero que fue surfista

Jack Johnson: El rockero que fue surfista

30 junio, 2020 | Categoría: | Almudena Galán

La vida… que a veces duele tanto. Puedes prepararte toda la vida para alcanzar un sueño, para cumplir propósito por el que has nacido, pero en una fracción de segundo todo puede cambiar. Jack Johnson es un uno de los cantautores de folk rock más famosos de Hawái, pero los primeros años de su vida estuvieron marcados por el surf, las olas y el sabor salado del agua del mar. Su destino cambió en un parpadeo tras un trágico accidente. Pero la vida sigue.

Entre sueños

La aromática brisa de la playa acariciándonos el rostro, el suave bamboleo de las olas del mar, surcar los dedos delicadamente entre las aguas del océano, la emoción al subirse a una tabla de surf, el calor de la arena debajo de los pies… Las canciones de Jack Johnson son un canto al mar, al sur y a las olas, un sueño de una interminable noche de verano y una promesa de que la vida puede darnos esa paz que tanto ansiamos.

Hace algunos años, antes del boom de los festivales musicales, las coronas de flores y las cervezas a precio de sangre de unicornio, Jack Johnson era un músico de culto con poco interés por ser descubierto. Ahora sus acordes a ritmo de surf y ukelele resuenan en todo el mundo. Este afable hawaiano, el menor de tres hermanos locos por las olas, consigue que toquemos la arena de la playa a través de su música, nos hace oler el mar e incluso logra que nos sintamos, por un fugaz y glorioso momento, en la cresta de la ola encaramados a una tabla de surf.

Pero los planes de Jack estaban muy lejos de la música en sus años mozos. El mar le llamaba. Sus padres se mudaron del sur de California a Hawái en los años 60. La playa de Pipeline (Oahu) se veía desde su casa, por donde pasaban surfistas de la talla de Gerry Lopez o Laird Hamilton. Cuando todavía no había aprendido a andar, su padre ya lo llevaba a surfear en su tabla. El surf corría por sus venas.

Jack Johnson, el lado ecológico de la música
Jack Johnson, ukeleles, olas, surf y Hawái.

De la tabla de surf al ukelele

De hecho, fue uno de los mejores surfistas juveniles del mundo, siendo el participante más joven del Pipeline Masters. Pero su carrera se truncó en 1992, cuando solo contaba 17 años. Estuvo al borde de la muerte en Pipeline al ser arrollado por una ola. De recuerdo se llevó 150 puntos y un par de dientes nuevos. Durante el tiempo de parón aprovechó para ingresar Universidad de California para licenciarse en cine y música de producción.

Pero nunca pudo retomar su carrera deportiva profesional, y un deportista sabe que eso es como si te arrebataran una parte de ti mismo. Para Jack el surf era lo verdaderamente importante, incluso más que la música. El equilibro y la armonía de su vida. Según sus palabras, «el surf te hace sentir, por un momento, que no eres humano. Puedes hacer cualquier cosa cuando estás sobre una ola, elevándote sobre el océano».

Pero hasta Jack Johnson tiene que salir del agua. Después de perder el sentido de su vida, el artista se recompuso y empuñó una guitarra, encontrando su voz musical inspirándose en grandes como Cat Stevens o Fugazi. Se suele decir que si algo te duele, escribe. Y cada uno escribe lo que nos hace sentir mejor. 

Tras finalizar su carrera, él y su amigo Emmet Malloy viajaron alrededor del Atlántico, del Pacífico y del Golfo de Bengala rondando Thicker Than Water, una película sobre el surf, con Johnson como protagonista. Una joyita cinematrográfica en homenaje a las primeras películas del género.

En el último momento decidieron añadir las canciones de Jack como banda sonora. El éxito de la música fue tan abrumador que su primer álbum, Brushfire Fairytales, fue grabado en tan sólo seis días. Unas 100.000 copias después se encontró siendo el telonero de Ben Harper. El resto es historia.

Un ángel sin alas que derrite el corazón

Criado en la etérea isla hawaiana de Oahu, este surfista es un tipo sencillo, tímido, discreto y tranquilo, algo tan atípico en el mundo de la música como sus maravillosas canciones. Era feliz siendo un artista de culto para minorías.

No le gusta sentirse reconocido ni observado y le costó mucho superar el miedo escénico. Hasta su ropa está diseñada para pasar desapercibido. Las camisetas, los pantalones cortos y las sandalias son su uniforme (¿tendrá algún pantalón que le cubra los tobillos?).

Su estilo, entre el rock, la acústica y el folk, es muy particular, y cada una de sus notas nos transporta directamente al paradisíaco archipiélago de Hawái. Es un hombre con encanto, de esos escasísimos artistas que no se han dejado llevar por la fama, que se mantienen firmes en su pequeño círculo y siguen sus propios consejos sin meterse en las vidas de otros.

Sabiduría, superación y resiliencia

Su naturaleza se manifiesta en su música. Jack siempre entendió que no hace falta gritar para ser escuchado. Esto se refleja en la simplicidad de sus ritmos, unas letras profundas y originales con las que es fácil identificarse y unas melodías compuestas por unos pocos instrumentos acompañados de su voz rítmica. Una voz suave que nos susurra al oído y nos invita a aparcar los malos rollos para llevarnos flotando a un mar improvisado en el asfalto de la calle.

Tiene un grave problema con los que malgastan comida y fue vegetariano estricto durante mucho tiempo, aunque reconoce que ya no lo es tanto. Pero es un artista comprometido, practica lo que predica. Los vehículos que utiliza en sus giras son ecológicos y dona parte buena parte de sus beneficios a causas medioambientales.

Sus discos se graban con energía solar y se comercializan con materiales reciclables. Además, en 2008 fundó junto a su mujer Kim la asociación sin ánimo de lucro Johnson Ohana Charitable Foundation para ayudar a los niños hawaianos y promover la cultura, las artes y la conciencia medioambiental.

Constelaciones, trenes averiados y tortitas de plátano

Su inspiración no proviene de grandes temas intelectuales, sino de fuentes mucho más cercanas: el amor por su mujer y sus hijos, la amistad, la política, el materialismo y el medioambiente. ‘Enemy’ es la historia de cómo un hombre acusó a Jack de intentar quemar su casa. «Podrías pensar que soy tu enemigo, pero eso no te convierte en el mío» es su particular versión del «dos no se pelean si uno no quiere».

‘Better Together’ y ‘Angel’ son hermosas declaraciones de amor hacia su mujer y sus hijos, y la optimista ‘Staple It Together’ nos anima a seguir adelante cuando la vida nos da palos. ‘If I Could’ es una bella despedida a un amigo que perdió y ‘Constellations’ nos pinta estrellas en el cielo en pleno día.

En la fantástica ‘Flake’ nos habla del desencuentro amoroso y del dolor de intentar algo una y otra vez sin resultado‘Banana Pancakes’ nos sumerge en la maravilla de hundirnos entre mantas un día de lluvia cualquiera. ‘Good People es una dura crítica social, mientras que la hipnotizadora ‘Country Road’ hace lo propio con el cambio climático.

‘Breakdown’ es uno de sus mejores trabajos. Trata sobre el frenético ritmo del tren de vida de la sociedad actual y la necesidad de ponerle freno. ‘Upside Down’, una canción sobre la aventura de aprender (el tema principal de la primera película de Jorge el curioso), es uno de los más adorables y enternecedores videoclips de los últimos tiempos. Incluso llegó a rodar uno con Ben Stiller, ‘Taylor’. Dicen las malas lenguas que la cantante de country Taylor Swift reveló que llevaba este tema como tono de móvil, pero ignoraba el hecho de que la canción trata, probablemente, sobre una prostituta o una stripper.

Surf, olas y mar en tiempos de coronavirus

El pasado 18 de abril, Jack participó en el concierto benéfico One World: Together at Home, un evento musical que contó con la participación de decenas de cantantes, artistas y actores para promover el distanciamiento social durante la crisis de la pandemia del coronavirus. Y es que no hay nada que caracterice mejor a Jack Johnson que su enorme, enorme corazón.

Mahalo, Jack.

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