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8 ideas para celebrar el Día del Libro durante la cuarentena del coronavirus

8 ideas para celebrar el Día del Libro durante la cuarentena del coronavirus

23 abril, 2020 | Categoría: | Almudena Galán

Me encanta el Día del Libro. Para muchos, el día del libro son todos los días. Sin embargo, cada 23 de abril se pone en valor la importancia de la lectura, los mundos a los que nos hacen viajar los libros y la pasión por las letras. El escritor George R. R. Martin, autor de la inacabada saga Canción de Hielo y Fuego, describe a la perfección la belleza de leer historias: «Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee vive solo una». Pero este Día del Libro tiene poco de normal a causa de la larga sombra del coronavirus.

El 23 de abril ha sido desde 1931 el día del libro y la rosa. El epicentro de esta fiesta cultural se sitúa en Las Rambas de Barcelona y su Saint Jordi, pero por todo el país se celebran eventos y se colocan casetas desde las que se ofrecen libros a precios especiales. La gente se reúne en las calles para hojear libros y llevarse estos tesoros de celulosa a sus casas. Ahora mismo eso es impensable. Las medidas de confinamiento han obligado a posponer la conmemoración anual de la muerte de Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Pero que este sea un día atípico no significa que no podamos disfrutar del inmenso placer de la lectura. En NEXU te hacemos algunas propuestas. ¡Ni un día sin leer!

Practica el seso

Hoy no hay grandes ceremonias, no hay calles llenas de libros ni rimbombantes actos oficiales culturales. Es un Día Internacional del Libro extraño, diferente. Pero una de las cosas más mágicas de los libros es que podemos disfrutar de ellos en cualquier parte. Si fijamos la vista por un momento en el hospital de IFEMA, a pesar de las difíciles circunstancias que se están viviendo allí, pacientes, sanitarios y militares han participado en una emotiva lectura de El Quijote, la obra inmortal de Miguel de Cervantes. Y tú, ¿cómo vas a celebrarlo?

1. Apoya a la librería de tu barrio

La batalla titánica que están luchando las librerías de barrio contra los comercios gigantes no es nueva. Sin embargo, ahora se van a enfrentar a un reto todavía más difícil. Tal vez algunas de estas pequeñas librerías ya no puedan volver a levantar su persiana tras la pandemia y las dificultades económicas que nos esperan. ¿Quieres echarles una mano? Compra libros en tu librería de barrio a través de internet o por teléfono. Algunas siguen utilizando los servicios de mensajería, y otras te enviarán el pedido en cuanto vuelvan a abrir (seamos sinceros, tampoco tienes tanta prisa). Así podrás mantener la tradición y regalar hoy un libro, aunque sea virtualmente.

Que el coronavirus no nos impida celebrar el Día del Libro
Leer con en la mejor compañía, uno de los mayores placeres de la vida.

2. Date una vuelta por las redes sociales

Como era de esperar, este Día del Libro protagonizado por el coronavirus se está celebrando con especial intensidad en las redes sociales. Aquí encontramos todo tipo de iniciativas tan bonitas como inspiradoras.

Por ejemplo, la Federación de Gremios de Editores de España nos invita a hacernos una foto en nuestro rincón de lectura para publicarla con los hashtags #GraciasLibro #GracièsLlibre #Eskerrikaskoliburua #Grazaslibro. Su intención es convertir las redes sociales en una gran sala de lectura y rendir un sentido homenaje a nuestros compañeros de aventuras más fieles.

Asimismo, algunas editoriales están organizando retransmisiones virtuales en directo con una excelente programación cultural, incluyendo charlas, actuaciones musicales, recitales y actividades infantiles. Otras están haciendo donaciones a la Biblioteca Resistiré, creada en el hospital de IFEMA para aliviar la difícil situación de los pacientes ingresados por COVID-19. Y otras están ofreciendo incluso firmas virtuales de sus escritores.

También la Escuela de Escritores nos ofrece hoy su consultorio online en horario ampliado. Entra en su web y conocidos autores te recetarán un libro para mitigar tus dolencias sin efectos secundarios. ¡Excepto el amor por la lectura! Este servicio es gratuito y está disponible para lectores de todas las edades.

Por otro lado, la Biblioteca Nacional de España lamenta no poder ofrecer su clásica jornada de puertas abiertas del Día del Libro a causa del coronavirus. En esta visita, además de enseñarnos el edificio, también podemos ver espacios de acceso restringido y algunas de las obras singulares que custodia esta institución. Sin embargo, el próximo domingo a partir de las 10:00 nos invita a hacer una visita virtual por sus magníficas instalaciones. Una paseo totalmente recomendable.

3. Disfruta de un paseo (virtual) por la casa de Cervantes

Que el coronavirus no nos impida celebrar el Día del Libro haciendo algo especial. La casa de Miguel de Cervantes de Alcalá de Henares es una maravilla. Tal vez hoy no podamos poner el pie allí, pero podemos recorrerla virtualmente a través de Google Arts & Culture. Haz un viaje a través del tiempo hasta los siglos XVI y XVII y visita la cuna del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

4. Escribe un cuento

Dicen que los mejores escritores son los lectores más infatigables. Resérvate un ratito de este día para escribir unas líneas e invitar a otros lectores a unirse a tu particular universo de aventuras. Además, si estás afrontando el confinamiento en compañía de niños pequeños, puedes dedicárselos a ellos o convertirles en los protagonistas de tus historias. Les encantará el detalle, pero al mismo tiempo les estarás animando a leer. Ya sabes, si tú lees, ellos leen.

5. Regala rosas

La tradición más arraigada de Sant Jordi es regalar un libro y una rosa. Las floristerías son otro de esos negocios que tan mal lo están pasando por la COVID-19. Llama a la floristería de tu barrio para preguntar si siguen ofreciendo su servicio y envíale una rosa a esa persona tan especial. También puedes recurrir a la clásica rosa virtual o hacer una a mano. Hay un montón de tutoriales sencillos en internet. Tan solo necesitas un poco de papel y rotuladores de colores y, si eres habiloso, puedes probar incluso con las de tela.

6. Escucha un libro

¿No puedes leer? Escucha. Los audiolibros son una delicia, y todo un alivio para aquellos lectores que tienen problemas de visión. Hay varias plataformas oficiales que ofrecen este servicio en streaming por un módico precio. ¿Te gustaría probar? Justo debajo de estas líneas encontrarás a los extraordinarios dobladores Pepe Mediavilla y Núria Mediavilla leyendo un fragmento de los Cuentos Inconclusos de J. R. R. Tolkien. Toda una fantasía auditiva, sin duda.

7. Coge un libro prestado en tu biblioteca

Sí, sí, ya sabemos que las bibliotecas están cerradas y que no podemos salir de casa. No obstante, podemos solicitar el préstamo electrónico gratuito de libros a través de los servicios eBiblio de las bibliotecas públicas. Tan solo necesitas hacerte socio con tu carné de usuario de la biblioteca.

8. Lee, lee y lee

Hagas lo que hagas hoy, lee. Aunque sea la etiqueta del champú. Lee para evadirte, lee para aprender, lee para no volverte loco. Lee para viajar a otros mundos. Lee para soñar. Puede que el coronavirus haya reducido nuestro mundo a cuatro paredes, pero el Día del Libro ha llegado para recordarnos que esas alas de papel pueden llevarnos muy lejos.

El coronavirus nos obliga a celebrar un Día del Libro muy especial
Nunca hay suficientes libros.

Medio pan y un libro

Antes de finalizar esta oda a los libros, os dejamos un fragmento del discurso que dio el poeta Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal (Fuente Vaqueros) en septiembre de 1931. Una reflexión que, sin duda, recoge la esencia de este día tan especial para el corazoncito de los lectores de todo el mundo. Feliz Día del Libro, con coronavirus y sin él.

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí, honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales, que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano, porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y, ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fiódor Dostoyevski, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

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